Mercedes Valdeón

Investigación y Misterio

Naturaleza Sagrada. Texto y dibujos: Mercedes Valdeón. 

 

¿Tienen alma e inteligencia los animales?                                                                                             Ya en la antigua Grecia se discutía sobre si los animales son seres inteligentes y sensibles con derechos legales y morales equivalentes a los humanos. Pero lamentablemente hasta el día de hoy, predomina entre los humanos de muchos lugares de nuestro planeta la idea de que son seres inferiores y no merecen respeto alguno. 

La iglesia medieval, por ejemplo, se ciñó al Génesis, respetando que como seres creados por Dios, habrían de tener alma, pero los consideraban -como a las mujeres- irracionales y estúpidos de tal forma que debían estar en todo bajo el dominio del hombre. 

En cualquier caso, si causaban daño a los humanos o a sus intereses, debía decidirse en juicio si eran conscientemente malos o, llegado el caso, si podía  su alma inferior haber sido poseída por un demonio. Así, según decidiera el tribunal que los juzgara, podían ser condenados a excomunión o ejecución. 

En la primavera de 1221, con los campos recién abonados con abundante estiércol, Bernardo de Claraval predicaba en la villa de Foigny, Francia, cuando un enorme mosquerío inundó la iglesia,  espantando a los feligreses que comenzaron a huír. 

Ante semejante situación, el que a su muerte sería canonizado, gritó desde el púlpito: "Eas excommunico"  (Yo os excomulgo), consiguiendo retener de esta forma a su audiencia pendientes de la reacción de los insectos. Todos dieron fe de la muerte de las moscas al día siguiente. 

Tampoco el reino vegetal se libra de las especulaciones: 

En Alemania, ya en el siglo XIV, un bosque entero fue talado, rastrillado y quemado por orden judicial, después de ser condenado como cómplice de robo. Un ladrón escapó de las autoridades locales escondiéndose en el bosque próximo a la villa y, saltando de árbol en árbol, logró desaparecer para no ser hallado jamás. 

Se acusó al bosque de ser testigo del  crimen, de no haberlo evitado y de posibilitar la huida del criminal de las autoridades y de la justicia de la ley. La condena sin remisión por todo ello, fue a muerte. 

Tampoco Descartes (1595-1650) ayudó a propiciar la sensibilidad natural, según su opinión los animales son brutos e irreflexivos y la naturaleza opera en su interior según la disposición de los órganos, de la misma manera que en un reloj, los muelles y ruedas que le componen, le hacen capaz de dar las horas. 

Su planteamiento tuvo una enorme y nefasta repercusión y llevó a que algunos afirmaran que los aullidos que los animales emitían si se les golpeaba o hería no eran señales de dolor, sino meros reflejos físicos.

Afortunadamente, algunos intelectuales se opusieron vivamente a esta tesis cartesiana, tildándola incluso de "asesina", pero no fue hasta el siglo XVIII que comenzó la abierta defensa de los derechos legales de los animales. Jeremy Bentham, filósofo inglés, mantuvo que la cuestión fundamental al respecto no radicaba en saber si eran capaces de razonar o de hablar, sino de sufrir, y eso era obvio que se producía. 

En 1824 se crea la Sociedad Inglesa para la Prevención de la Crueldad con los Animales, la primera organización de defensa de los animales que se formó en el mundo. 

Ya en pleno siglo XXI, las investigaciones científicas han dado pruebas sorprendentes de la capacidad de aprendizaje y de comunicación de los animales. Se ha propuesto la creación de la figura jurídica "Persona no Humana", para proteger las especies animales que demuestran elevadas capacidades cognitivas y notable inteligencia. Aunque no se puede dejar de luchar. Queda mucho camino que recorrer y quiero hacerlo en tu compañía. No dejes de visitar esta sección, donde actualizaré información  y abriré nuevas investigaciones frecuentemente.  Te espero.