Mercedes Valdeón

Investigación y Misterio

Marc Lépine: Joven con una vida complicada, asesino misógino.

Lépine nace en octubre del 64, hijo de un inmigrante algeriano llamado Rachid Liass Gharbi y una canadiense, Monique Lépine, en Montreal. Marc es un católico bautizado.

Pasó gran parte de su infancia entre Costa Rica y Puerto Rico, donde su padre trabajaba como vendedor. Vuelven a Montreal definitivamente en el 68, poco antes de que un crash de la bolsa les haga perder gran parte de su dinero.

Rachid tenía unos valores muy particulares: Consideraba a las mujeres seres inferiores, aptas únicamente para servir al hombre. Golpeaba e insultaba frecuentemente a su familia, dejando marcas que a veces durarían semanas. También les prohibía tratarse con ningún tipo de cariño, ya que consideraba que esto haría a Gamil débil y malcriado.

Cuando Gamil tenía 7 años, sus padres se divorciaron. Se fué a vivir con su madre y su hermana pequeña, Nadia, y no tuvieron mucho contacto con su padre, que les aterrorizaba. Eventualmente, Rachid cortó el contacto definitivamente y se mudó a otro país.

En 1973, Monique Lépine volvió a trabajar como enfermera y a estudiar cursos para avanzar en su carrera. Durante este tiempo, los niños vivían con familiares y amigos, y veían a su madre los fines de semana. Pasaron un año en terapia familiar para superar dificultades expresando y recibiendo amor y cariño.

En 1976, Monique consigue un puesto como directora de enfermeras en un hospital de Montreal, y compra una casa para su familia en un suburbio de clase media de Pierrefonds. Gamil va al instituto, y sus compañeros le describen como un estudiante callado que sacaba notas en la media, o por encima. Aunque se hizo amigo de otro chico, no se mezclaba con el grupo de estudiantes mucho.

Gamil pasó algunos veranos aprendiendo a cazar con sus tíos, y diseñaba y construía aparatos eléctricos. Ayudaba mucho en casa, limpiando y arreglando cosas mientras su madre trabajaba. Fué durante este periodo cuando Gamil empezó a pensar en cambiarse el nombre a Marc Lépine, debido a su resentimiento hacia su padre.

Intentó unirse al ejército Canadiense en 1981, con 17 años, pero le rechazaron en la entrevista. En su carta de suicidio, menciona que es por ser antisocial. El ejército hizo una declaración oficial tras la masacre, en la que afirman que había sido "Entrevistado, valorado, y determinado como no apto."

Con 18 años, se cambia el nombre legalmente a Marc Lépine, y su familia se muda a Saint-Laurent, cerca del trabajo de su madre y de su universidad. Pierde el contacto con su amigo de la escuela rápidamente. Este periodo marca el comienzo de siete años que en sus propias palabras, "No le trajeron ninguna felicidad."

Tras un año en la universidad se cambia del programa científico a tecnología electrónica, un curso destinado al empleo inmediato. Sus profesores le recuerdan como un estudiante modelo, tranquilo, trabajador y generalmente competente en sus clases, en particular las relacionadas con tecnología eléctrica. En Febrero del 86 se desvanece y deja de atender a clases, con lo que no consigue su diploma.

Marc trabajó en la cocina del hospital en el que trabajaba su madre. Sus compañeros le definen como nervioso e hiperactivo. Consiguó su propio apartamento y en otoño de 1986, pide ingreso en la escuela politécnica de la universidad de Montreal. Se le admite, con la condición de que complete dos cursos compulsorios, uno de ellos de química.

En otoño del 87 deja su trabajo en el hospital y hace tres cursos en CEGEP, obteniendo buenas notas en todos ellos. En Marzo del 88 compienza un curso en programación de ordenadores en una universidad privada en el centro de Montreal, financiando sus estudios con becas. Dos meses después, se muda a un apartamento cerca de su centro de estudios y el nuevo piso de su madre.

En invierno del 89, Marc hace un curso nocturno de química, uno de los prerequisitos de la escuela politécnica. En Marzo del 89 abandona el curso de programación informática, pero saca un 10 en el curso de CEGEP.

En Agosto del 89, Marc envía una petición para recibir un permiso de armas, que recibe a mediados de Octubre. El 21 de Noviembre del 89, compra un rifle semiautomático Ruger Mini-14.

Cuatro días antes del tiroteo, le compra un regalo de cumpleaños a su madre, aunque faltaban unas cuantas semanas. Siempre había sido muy puntual con sus pagos de alquiler, pero en Diciembre del 89, no pagó.

El 6 de Diciembre, Marc entra en la escuela politécnica de Montreal. Se dirige a una clase donde separa a los hombres y a las mujeres. Afirma que está luchando contra el feminismo, y dispara a las nueve mujeres que permanecen en la clase, matando a seis, hiriendo al resto.

Después, se dirige a otras áreas del edificio, incluyendo la cafetería, pasillos y otra clase. Un total de catorce mujeres son asesinadas, y cuatro hombres y diez mujeres son heridos antes de que Lépine oyese las sirenas y se disparase en la cabeza.

En el bolsillo de su chaqueta, hay una carta. El contenido no se hizo público hasta que se filtró en 1990 al periódico La Presse.

Varios expertos opinaron sobre la condición de Marc. No bebía, y no tomaba drogas. Era organizado y metódico, y no mostraba emociones frecuentemente. Lépine nunca tuvo novia, y se encontraba incómodo junto a las mujeres.

Algunas opiniones afirman que debía padecer alguna enfermedad mental. Otras, que Marc estaba intentando conciliar ideas de una masculinidad dominante y opresiva que sometía a las mujeres con sus malas experiencias con su padre. Aún otras sospechan que Marc recibió daños cerebrales graves a consecuencia del abuso de su padre.

Durante el tiroteo, testigos aseguran que Marc gritaba insultos hacia las feministas y las mujeres, y que su objetivo eran principalmente ellas. Su nota de suicidio decía lo siguiente:

"Perdonad los errores, he tenido 15 minutos para escribir esto. Dáos cuenta de que si me suicido hoy, 12-06-89, no es por razones económicas (ya que he gastado todos mis recursos financieros, hasta he rechazado trabajos) sino por razones políticas. Porque he decidido enviar a las feministas, que siempre me han arruinado la vida, a su Creador.

Durante siete años la vida no me ha dado ninguna felicidad y como estoy totalmente harto, he decidido ponerle fin a estas arpías. Cuando era joven intenté entrar en las fuerzas armadas como estudiante para oficial, lo que me hubiese dado posibilidades de entrar en el arsenal y preceder a Lortie en un asalto. Me rechazaron porque soy antisocial. A consecuencia de esto, he tenido que esperar hasta el día de hoy para ejecutar mis planes. Entretanto, he seguido con mis estudias con desgana, puesto que nunca me interesaron, siempre supe como iba a terminar.

Aún así, tenía buenas notas, a pesar de no entregar los trabajos ni estudiar. Aunque los medios me etiqueten como un asesino loco, me considero un erudito racional, al que tan solo la llegada de la muerte ha hecho tomar acciones extremas. No veo razón para seguir existiendo si es solo por el bien del gobierno...

Siendo muy atrasadas por naturaleza (Excepto en la ciencia) las feministas siempre me han enfurecido. Quieren mantener las ventajas de las mujeres (Seguros más baratos, baja por maternidad precedida por baja preventiva, etc.) a la vez que robar las de los hombres.

Así es una verdad evidente que si los juegos olímpicos eliminasen la distinción entre hombres y mujeres, solo quedarían mujeres en los eventos. Así que las feministas no están luchando por eliminar esa barrera. Son tan oportunistas que se niegan a beneficiarse del conocimiento acumulado por los hombres durante la historia.

Siempre intentan representarlos incorrectamente a cada oportunidad. Así, el otro día, escuché que estaban haciendo un homenaje a los hombres y mujeres que lucharon en los frentes durante las guerras mundiales. ¿Cómo puedes explicar que las mujeres no tuviesen autorización para ir al frente???

Nos dirán algo de las legiones femeninas de César y las esclavas de galera que por supuesto ocupaban un 50% de las filas en la historia, aunque nunca existieron. Un auténtico Casus Belli. Lo siento por esta carta demasiado breve. Marc Lépine.

Hoy casi muero. La falta de tiempo (He empezado tarde) ha permitido que estas feministas radicales sobrevivan. Alea Jacta Est."