Mercedes Valdeón

Investigación y Misterio


HOLLYWOOD TERRORÍFICO. "Fatty" Arbuckle. 

Enero 2018. Texto y dibujos de Mercedes Valdeón.

Éste año se cumplirán 85 desde la muerte por infarto de un actor de Hollywood que tiene el espantoso honor de ser el primer astro del espectáculo acusado -moral y popularmente condenado- de violación y muerte de una joven.

Hoy como ayer, parece que nada cambia. 

 


Roscoe Conkling Arbuckle, apodado “Fatty” fue un cómico estadounidense nacido el 24 de Marzo de 1887, en el seno de una desestructurada familia en un barrio humilde de Smith Center, Kansas.

Arbuckle había contraído matrimonio el 6 de agosto de 1908 con Araminta Estelle Durfee quién solía interpretar el papel de esposa autoritaria en muchas de las primeras comedias, a menudo en compañía de Arbuckle.

Compaginaba escasos, pequeños y mal pagados trabajos teatrales con la fontanería, asunto que le llevó  en 1913 -para desatascar un desagüe- al domicilio de  Mack Sennett, importante productor dueño de la Keystone Film Company, que valoró  artísticamente la agilidad con la que movía sus 105 kilos de peso y le ofreció trabajo. Se convertiría así en su “bola de mantequilla”.

 Fatty Arbuckle, siguiendo atenta y sumisamente todas y cada una de las indicaciones de  Sennet, alcanzó el estrellato con la serie de comedias Fatty and Mabel, triunfando en las cuidadas producciones que Mack creaba para su esposa, Mabel Normand.

 

Reconocido como el “creador” de los tartazos en la cara, convirtió la escena en un cliché de la historia de la comedia muda. Cuenta la leyenda, que  Fatty recreó este gag después de un encuentro con el ejército de Pancho Villa en Río Grande, durante una actuación en  El Paso, Texas. La historia cuenta que los Arbuckle estaban haciendo un picnic cerca del río cuando ellos y los hombres de Villa, que estaban en la otra orilla, empezaron a lanzarse frutas a uno y otro lado del río. El momento estelar fue cuando Roscoe derribó a uno de los hombres de su caballo arrojándole un manojo de plátanos, cosa que hizo que a Villa le entrara un ataque de risa.

Curiosamente, Charles Chaplin empezó con un pequeño papel de extra en una película de Arbuckle. Se cuenta que cuando Sennett lo mandó al vestuario a cambiarse para su primera escena, Chaplin sólo encontró un chaqué que estaba en la basura, un bombín que pertenecía al suegro de "Fatty" y un par de pantalones del gordo con unos zapatos enormes. Cuando Sennet lo vio se mató de risa. Sólo le agregó al personaje unos bigotitos de utillería.

“Fatty” era además un cazatalentos extraordinario, tenía visión comercial. En 1920 impulsó la carrera de un joven que se convertiría en su mejor amigo, Buster Keaton. Buster fue el cómico que nunca reía y esto tiene una razón: cierta vez fue a almorzar con Arbuckle y un productor de la Paramount para hablar de un papel que le iban a dar. Keaton tenía una seria crisis estomacal y hacía esfuerzos para no reírse y no vomitar. A "Fatty" le causó tanta gracia que le pidió que siempre se mantuviese serio. 

Roscoe empezó ganando 25 dólares a la semana y a los pocos años sus películas lo convirtieron en uno de los cómicos más famosos de los Estados Unidos, como Chester Conklin o Ben Turpin.


Hasta entonces "Fatty" era considerado por todos un hombre generoso, bonachón y amigo de las fiestas, que la prensa del espectáculo calificaba de divertidas y desmesuradas. A veces duraban días y esto aumentaba su fama. Pero su mujer, Minta Durfee, se cansó de los excesos de su marido y lo abandonó. Vivieron desde 1917 varios años separados.


En agosto de1921 Arbuckle estaba en la cumbre de su carrera. Poseía una mansión en Beverly Hills. La Paramount le ofreció el control total de sus películas, firmó un contrato fabuloso con tres millones de dólares como pago de tres años de compromiso exclusivo con la compañía, para lo que creó Comique Film Corporation. Y disfrutaba de autos construidos a su colosal medida. La vida y la fortuna le sonreían.


El  verdadero nombre de la desafortunada protagonista de ésta historia era Virginia Caroline Rapp, y nació el 7 de julio de 1891 en Nueva York.  Su madre, una corista de vodevil llamada Mabel Rapp, la tuvo siendo soltera y falleció cuando Virginia tenía 11 años. Por ello, Rappe hubo de ser criada por su abuela en Chicago. Antes de los quince años de edad empezó a trabajar como modelo de pasarela y fotográfica y a los dieciséis ya había tenido, por lo menos, dos abortos.

En 1916 emprendió camino hacia San Francisco con el fin de continuar con su trayectoria como modelo, conociendo en dicha ciudad al diseñador de moda Robert Moscovitz, con el que mantuvo una relación sentimental al punto de comprometerse en matrimonio, pero  - destino trágico desde su nacimiento- poco después Moscovitz falleció en un accidente con un tranvía.

Tras la inesperada muerte de su prometido ella se fue a vivir a California y se radicó en Los Ángeles para estar cerca de la boyante industria cinematográfica allí asentada.

Pese a  que las malas lenguas decían que su mejor habilidad era bailar desnuda en funciones privadas y se chismorreaba que tuvo un hijo - del que no se sabe nada- en 1910, e incluso la culpaban por una epidemia de ladillas que hubo en Hollywood y que obligó a cerrar algunos estudios durante semanas para desinfectarlos, fue perdonada. En 1917, Fred Balshofer la contrató para “Paradise Garden”.

 En 1918 Rappe tuvo otro hijo, el cual fue dado en adopción y Balshofer volvió a contratarla para actuar con Rodolfo Valentino en Over the Rhine, película por la cual fue premiada como "La chica mejor vestida en películas".  

La belleza morena de Virginia, tras recibir aquel premio, con sus cabellos color ala de cuervo, no pasó desapercibida para William Fox que decidió lanzarla como estrella en la producción “Twiligth Baby”.

Desde 1919, se la vio frecuentemente en compañía de Henry “Pathé” Lehrman, el veterano realizador de Sennett, quien le ofreció un minúsculo papel en “Fantasía” y le presentó a “Fatty”.

Virginia estaba feliz, Fatty la había solicitado de partenaire en una de sus comedias y además recibió la invitación para celebrar entre amigos el contrato millonario logrado.


Fatty, exultante, rodaría su nuevo coche Pierce-Arrow y organizaría en San Francisco una fiesta del trabajo inolvidable. No sabía hasta que punto acertaba.

Dos coches llenos de promesas y luminarias de Hollywood, recorrieron los 730 kilómetros que separaban la Carretera de la Costa de la Ciudad de las Colinas.

Lowell Sherman y Freddy Fishback acompañaban en su nuevo bólido al héroe del día. Bambina Maude Delmont, unas cuantas alegres coristas y Virginia Rappé subieron a otro coche que hizo el mismo recorrido.

La ciudad de la Bahía, en plena noche de sábado, les dio la bienvenida mientras que los chicos se registraban en el Hotel St. Francis, en tres habitaciones comunicantes  y las muchachas en el Palace. El día siguiente - 5 de septiembre de 1921- Día del Trabajo, la fiesta discurrió por los cauces habituales en el estilo de su alegre organizador. Las chicas disfrutaban de orange blossoms aderezados con ginebra y los hombres whisky y champagne sin límite. Todos habían consumido alcohol y drogas.


Alrededor de las tres y cuarto, Fatty agarró a Virginia que se hallaba en estado de embriaguez y la condujo a la suite número 1221. Presumió de ello ante todos.  “He aquí la oportunidad que he estado esperando tanto tiempo” dijo para que todos se enteraran de que llevaba a la bella morena a su dormitorio.

En sede policial, Bambina Delmont, testificaría más tarde que desde el dormitorio se escuchaban gritos de angustia y que -cuando estaba a punto de entrar- un sonriente y ebrio Arbuckle, apareció en el umbral de la puerta, arreglándose la ropa, con el sombrero de Virginia en la cabeza y les gritó a las chicas: “Entrad, vestidla y llevárosla al Palace”. “Hace demasiado escándalo”.

Como Virginia continuaba gritando desesperadamente, añadió descompuesto: “¡Cállate de una vez o te tiro por la ventana!”

Bambina y Alice Blake, encontraron a Virginia en la cama, semidesnuda con la ropa desgarrada, retorciéndose de dolor y aullando: “¡Me muero!… ¡Me muero!… ¡Me ha hecho mucho daño!”.

Alice -según se reflejó en los archivos policiales- declaró después: “Tratamos de vestirla, pero sus ropas estaban tan destrozadas y tan retorcidas, que era imposible reconocer las prendas.”

Ingresada en el exclusivo hospital de Pine Street, apenas tuvo tiempo de musitar al oído de la enfermera “Fatty Arbuckle me ha hecho esto. Por favor, que se me haga justicia.”


El día 10 de Septiembre Virginia rappé falleció a los veinticinco años, perdiendo la ansiada oportunidad que le había prometido la Fox.

Dos meses después, en noviembre, comenzó el juicio. El testimonio médico que se tomó en cuenta decía que Virginia había muerto por una peritonitis por rotura de la vesícula y de la vegija. Hasta se hicieron gráficos para demostrar cómo había sido la agresión.

"Fatty" habló. Dijo que cuando fue a su cuarto a cambiarse el pijama vio a Rappé vomitando en el baño. La llevó hasta la cama y la dejó para volver a la fiesta. No aclaró por qué, si su intención era dar un paseo, volvió a la fiesta. Agregó que cuando regresó al cuarto minutos después, la encontró en el piso, la volvió a poner en la cama y salió a pedir ayuda.

Nadie le creyó.

 

 Si alguien trató de frenar el escándalo no lo consiguió. La prensa se volvió loca, había descubierto lo atractivos que resultaban para el público los dramas de las estrellas y no pensaban dar tregua a su presa. Si hasta entonces los astros del recién nacido Hollywood habían sido intocables, en esta ocasión no iba a pasar lo mismo.

Los periódicos de William Randolph Hearst, el Ciudadano Kane de Welles, que por entonces mantenía un romance con una joven actriz y deseaba mantener el foco lejos de su propia figura, azuzaban al público con detalles escabrosos no demasiado fiables. El propio Hearst reconoció que nada, ni el hundimiento del Lusitania, que había provocado la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial les había hecho vender tantos periódicos.


Se dijo que Fatty, impotente por la ebriedad, había forzado a Rappé con una botella de champán o de un de un trozo de hielo. Y hubo quien achacó la muerte al exceso de peso de Fatty que por aquel entonces 120 kilos saltando sobre la bella corista o incluso al tamaño descomunal de su miembro.

 El San Francisco Examiner en su editorial dijo: “Hollywood debe dejar de utilizar San Francisco como cubo de sus basuras”.


El comisario general de San Francisco, Michel Brown, prometió encargarse personalmente de descubrir lo sucedido. Notificó los detalles de la investigación al forense T.B. Leland y los detectives Tom Reagan y Griffith Kennedy interrogaron al personal del hospital, la maquinaria de Hollywood había hecho su trabajo y las pruebas orgánicas se incineraron apresuradamente.

Se intentó ensuciar la imagen de Virginia.

 Adolph Zukor, que había invertido millones en Arbuckle, se comunicó con el fiscal del distrito, Matt Brady, en un claro intento de comprar su voluntad. Brady denunció el intento de soborno. Otras prominentes figuras de la meca del cine se pusieron en contacto con las autoridades de San Francisco pero no consiguieron nada de las altas cúpulas del poder.

Otra cosa distinta fue -quizá- lo que pudieron lograr en el jurado.

 Se celebraron tres juicios: En el primero el jurado acordó absolver a Fatty por 10 votos a favor y dos en contra, se declaró nulo. En el segundo, se le declaró culpable con idénticos votos 10 a 2. Arbuckle quedó en libertad bajo fianza, pese a la ira del fiscal, que daba por hecho la compra de voluntades en el jurado.

En el tercer y último juicio, se presentaron por parte de la defensa innumerables e increíbles testimonios de personas que habían declarado con anterioridad encontrarse tan ebrios que no recordaban nada de ésa noche y que ahora habían recuperado una lucidez meridiana que exoneraba a Fatty de toda responsabilidad.

También ayudó que no quedara absolutamente ninguna prueba forense que volver a valorar y que, hasta la botella de champagne ensangrentada, recogida en la escena del crimen hubiera desaparecido para no encontrarse jamás.

 Roscoe fue absuelto por unanimidad, y en un alarde nunca antes visto el jurado hizo público un mensaje conmovedor: "La absolución no es suficiente para Roscoe Arbuckle. Sentimos que se le ha cometido una grave injusticia y no había la más mínima prueba que lo relacione de ninguna manera con la comisión de ningún delito. Le deseamos éxito y esperamos que el pueblo estadounidense tome el juicio de catorce hombres y mujeres que Roscoe Arbuckle es completamente inocente y libre de toda culpa ".

 

En la escalera del juzgado Fatty declaró a la prensa:

“Éste es el momento mas trascendental de mi vida. La falsedad de la horrenda acusación contra mí ha sido demostrada…Quiero expresar mi sincero agradecimiento a mis compañeras y compañeros. Mi existencia ha estado cifrada en la producción de un cine limpio para felicidad de la gente menuda. Ahora trataré de ampliar este campo para que mi arte pueda rendir un servicio todavía más amplio.”

 Arbuckle se había quedado en la ruina para pagar su defensa, pero ya era libre.

 Pero ya era muy tarde para él. La sociedad había emitido su veredicto. En Wyoming y en Connecticut turbas ciudadanas arrasaban cines en los que se emitían sus películas. Al grito de “Hay que linchar a Fatty” los espectadores lanzaban botellas a las pantallas. 

La iglesia le condenaba desde sus púlpitos y Paramount se deshacía de él aferrándose a la cláusula moral de su contrato. El genio del humor, el favorito de los niños, el descubridor de Buster Keaton, uno de los pocos amigos que no le abandonó tras el juicio. Precisamente Keaton le ofreció algunos papeles secundarios.


En su forzoso retiro, se refugió en los brazos del alcohol. Sus dos nuevos matrimonios no le dieron estabilidad suficiente. En 1931, fue arrestado en Hollywood por conducir en estado de embriaguez. Cuando se le acercaron los motoristas, Fatty arrojó una botella de champagne por la ventanilla y gritó: “¡Ahí va la evidencia!” ¿No habría conseguido olvidar aquella otra botella desaparecida años atrás?

El 29 de junio de 1933, Roscoe Conkling Arbuckle fallecía a los 46 años, víctima de un ataque al corazón, el mismo día que, tras una década de ostracismo y pequeños trabajos con un nombre falso, irónicamente Will B. Good (seré bueno) volvía a firmar un contrato cinematográfico con la Warner Brothers. La fiesta se había terminado para aquel cómico que un día fue el más grande de su tiempo y los días de vino, cocaína y rosas estaban a punto de darse de bruces con el código Hays que ejercería una férrea férrea censura en la industria durante cuatro décadas.

Desde entonces el nombre que había estado asociado a risas inocentes quedó unido al del mayor escándalo que Hollywood recuerda.